viernes, 23 de noviembre de 2007

La Industria Cultural

“Ninguno tendrá frío ni hambre: quien lo haga terminará en un campo de concentración”

El outsider es identificado aquí como el sujeto que está en contra del totalitarismo al que lo ha relegado el sistema del capital, este lo reconoce al igual que sabe identificar a los que le pertenecen por completo. Así es como Adorno y Horkheimer identifican al individuo que no se adapta por completo al sistema, al que se niega a repetir, Citando a Tocqueville “la tiranía deja libre el cuerpo y embiste directamente contra el alma. El amo no dice más: debes pensar como yo o morir. Dice: eres libre de no pensar como yo, tu vida, tus bienes, todo te será dejado, pero a partir de este momento eres un intruso entre nosotros”, señalan como este sistema aísla a los individuos, y por medio de este bloqueo lo vuelve mas propenso a caer en sus pútridas manos.

Los pseudoindividuos pequeño burgueses son la otra cara, son los sujetos que ya no están en contra, los que “viven” completamente adecuados, hombres dedicados a los negocios, a sus familias, que absorben por completo el mensaje de los medios (en este caso film, radio y periódicos), este sujeto que ya no tiene brotes de espontaneidad y que se abstiene de hacer esfuerzos mentales para comprender el arte que no lleve consigo un mensaje masificador, son aquellos que vitalizan el sistema reproduciendo patrones y reproduciéndose ellos mismos, son los que están confinados a las latas de conserva y cuyos nombres reposan en las estadísticas que hace el monopolio para insertar sus producciones.



Por medio de la industria cultural las clases dominantes han logrado potestad sobre el individuo. Los monopolios culturales son simples empresas que obedecen al supremo, se ha utilizado la cultura para tal finalidad, a través de las artes, convertidas ya en industria, los mensajes han saturado a los sujetos, él cree escoger algo cuando en realidad escoge lo que el sistema, por medio del lenguaje utilizado en la publicidad, le dice que escoja. En el mercado no hay competencia, todos los productos benefician por igual al dominador.

Tanto en las supuestas artes como en la publicidad el mensaje engaña al sujeto por medio de la eterna repetición de palabras y modelos a seguir; los filmes explotan a sus modelos como si anunciaran un producto inexistente, con una fijación en los detalles mínimos e inconexos con un todo, las cámaras enfocan los ángulos de sus estrellas aumentando en el consumidor el afán del estereotipo de lo bello; por su parte los “cineastas” rechazan cualquier producto que no contenga en él algo que asegure su difusión, “Cuando llega al punto de determinar el consumo, descarta como riesgo inútil lo que aun no ha sido experimentado” pero Horkheimer y Adorno aclaran que es aquí donde se tiene que tener en cuanta el dinamismo, las cosas que fluyen, que no están encriptadas, nos dicen a manera de consejo que nada debe quedar como estaba, todo debe estar en constante movimiento “Porque sólo el universal triunfo del ritmo de producción y reproducción mecánica garantiza que nada cambia, que no surge nada sorprendente”.

“La publicidad es su elixir de vida”
las agencias publicitarias ofrecen sus servicios a precios exorbitantes a las que solo quien hace parte del sistema puede acceder; pero no es del todo necesaria, dicen los autores que solo sirve de forma indirecta a las ventas, su carácter ideológico ha logrado adaptarla al estilo de la industria cultural convirtiéndola en arte y que lo que nos demuestra es simplemente la exposición del poder social.

Esta “formula agotadora” que supuestamente le da al individuo lo que quiere tampoco logra satisfacerlo por completo, el sujeto no esta cómodo, vive frustrado “El principio impone presentar al consumidor todas las necesidades como si pudiesen ser satisfechas por la industria cultural, pero también organizar esas necesidades en forma tal que el consumidor aprenda a través de ellas que es sólo y siempre un eterno consumidor, un objeto de la industria cultural. La industria cultural no sólo le hace comprender que su engaño residiría en el cumplimiento de lo prometido, sino que además debe contentarse con lo que se le ofrece”.

Ni siquiera las palabras se salvan de estas atrocidades, del lenguaje tambien se aprovechan, dentro del sistema estas están atadas a meros significados sin significantes, las palabras aquí ya no significan algo en otro contexto que no sea el del producto que venden o el mensaje que algún dictador quiera establecerle; dejan estas de ser dinámicas y pasan a ser fijas “Si hoy los fascistas alemanes lanzan desde los altoparlantes la palabra “intolerable”, mañana el pueblo entero dirá “intolerable”


Texto Completo aqui http://www.infoamerica.org/documentos_pdf/adorno_horkheimer.pdf